En la Costa Azul lo habitual es trabajar con superficies pequeñas y muy buena luz. La buena noticia es que la luz es justo la herramienta que más ayuda a que un piso parezca mayor de lo que es.
Una paleta continua
Cambiar de color en cada habitación fragmenta la vista y encoge la casa. Una base clara y constante —blanco roto, arena, piedra— con el acento en los textiles hace que el ojo recorra el piso sin encontrar cortes.
Muebles bajos y con patas
Ver el suelo por debajo de los muebles cambia por completo la percepción del volumen. Sofás de respaldo bajo, mesas con patas finas y nada de armarios macizos que lleguen a media pared. El almacenamiento, mejor alto y estrecho que ancho y bajo.
Espejos, pero bien puestos
Un espejo no agranda por sí solo: agranda cuando refleja luz o una vista. Enfrente de una ventana o en perpendicular a ella, sí. En la pared del fondo de un pasillo oscuro, no sirve de nada.
La terraza como habitación más
Es el recurso más infrautilizado de la Riviera. Si el exterior está amueblado y se ve continuidad de materiales con el interior, la casa se lee como una superficie única. Una mesa pequeña y dos sillas ya cambian la percepción desde el salón.
No se trata de meter menos muebles, sino de elegir los que dejan pasar la luz y la vista.
