Un piso de alquiler turístico tiene que hacer tres cosas a la vez: fotografiarse bien, aguantar cincuenta rotaciones al año y limpiarse en dos horas. La mayoría de los errores vienen de amueblarlo como si fuera una vivienda propia.
Primero la resistencia
Sofás con funda lavable y quitable, mesas sin cantos vivos, sillas apilables si el espacio es justo. En la costa, además, la humedad y la sal se comen los acabados baratos: mejor madera maciza o metal lacado que aglomerado con lámina.
Lo que los huéspedes fotografían
La primera imagen del anuncio decide casi todo. Suele ser el salón con la ventana al fondo o la terraza puesta. Merece la pena concentrar ahí el presupuesto: un buen sofá, una mesa exterior bonita y textiles que den color. El resto puede ser sobrio.
Lo que de verdad puntúan las reseñas
Colchón, oscuridad y wifi. Un colchón mediano arruina una estancia por muy bonito que sea el piso. Cortinas opacas en todos los dormitorios, enchufes a ambos lados de la cama y espacio real para maletas y ropa: eso es lo que aparece en los comentarios.
Iluminación por capas
Nada de un único plafón central. Tres puntos de luz por estancia a distinta altura, todos con la misma temperatura cálida, cambian por completo la sensación del piso al anochecer y en las fotos de interior.
Un piso bien amueblado se alquila más caro y recibe mejores reseñas, pero sobre todo da muchos menos problemas durante la temporada.
